Wednesday, May 10, 2006

Pierre Joseph Proudhon.


PIERRE JOSEPH PROUDHON (1809 – 1864)

El controvertido teórico político francés, por muchos considerado como el padre del anarquismo, nació en el año de 1809 en Besancon. De familia humilde hizo sus estudios a la vez que se ocupaba en los labores del campo. En 1827 se coloco como tipógrafo para mantener a su familia. A causa del paro tuvo que trasladarse a otros lugares, entre ellos París. En 1839 se juro a si mismo permanecer fiel a la clase obrera y luchar sin descanso para la elevación intelectual de los que llamaba sus hermanos y compañeros.

Su obra resulto inseparable de su vida. Su figura atractiva, de sinceridad campesina, ha sido un tanto desfigurada a causa del famoso ataque de Karl Marx, quien escribió “Miseria de la filosofía” como replica al “Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria” de Proudhon, ataque debido, muy probablemente, a pesar de la amistad que hasta entonces le había ligado con Proudhon, a sus celos ante la creciente influencia de Proudhon en los medios obreros. En 1848 Proudhon fue elegido para la Asamblea Nacional, aunque no lograra hacerse oír en ella. Sus violentos escritos contra el futuro de Napoleón III le llevaron durante tres años a prisión. Su pensamiento se caracteriza por haberse formado en una Francia todavía artesanal y campesina, anterior a la expansión industrial del segundo Imperio.
No es extraño que en su obra sean, por tanto, relativamente frecuentes las contradicciones económicas. Su modo de expresarse mediante fórmulas breves y tajantes produjo con frecuencia escándalo, no siempre justificado, ya que no tenía presente la matización que otras frases añadían. No resulta fácil por eso distinguir el proudhonismo de las leyendas que lo tergiversaron. En realidad, cuando escribe “la propiedad es un robo” lo que critica no es tanto la propiedad como su mal uso. Exalta la guerra pero, al mismo tiempo, afirma que contiene un elemento bestial. No resulta extraño, pues, que algunos le considerasen adversario de la revolución y otros el maestro de lo que hubiera debido ser el socialismo francés si no se hubiera desviado por la senda del marxismo. Según Proudhon, el problema social no es asunto político, sino científico. La Economía es la ciencia clave: “La política es hoy la Economía política” (La guerre et la paix, París 1861). Desconfía, por tanto, de la democracia parlamentaria. Para él, la verdadera democracia de demopedia, educación del pueblo (La révolution sociale demontre par le coup d’Etat, Paris 1852). En 1848 pensaba que éste no estaba preparado para la revolución; aceptó el golpe de estado de Napoleón porque pensaba que la única revolución importante era la económica y social. El nuevo régimen político, siendo inesencial, podía llevar a cabo aquella. Con Saint-Simon, Fourier y otros contribuyó a divulgar el argumento de que los regímenes autoritarios pueden favorecer el desarrollo económico. Pero no creía que la dictadura política constituye un medio necesario. En todo caso, los sindicalistas franceses heredaron su desconfianza en la democracia y en el sufragio universal. Pero él desconfiaba aún más del Estado centralizador y burocrático, llegando a sostener la posibilidad de una sociedad anárquica en que el poder político de los trabajadores fuese sustituido por acuerdos libres entre éstos; critica, en consecuencia, a Rousseau, que “habla exclusivamente de derechos políticos y no reconoce derechos económicos”. Rechaza cualquier autoridad. Libertad e igualdad, dice, se hallan en el mismo plano: “la igualdad de condiciones, he aquí la sanción de esta ley”. Sólo la solidaridad fraternal puede mantener el equilibrio libertad-igualdad. Deduce así una doctrina mutualista. El proudhonismo constituye, a su manera, un humanismo, basado en la idea de justicia, que en él adquiere sentido revolucionario: “Las revoluciones son las sucesivas manifestaciones de la justicia de la humanidad”. Y aquélla no es sino “el respeto espontáneamente sentido y recíprocamente garantizado, de la dignidad humana en cualquier persona y en cualquier circunstancia en que se encuentre comprometida y en cualquier riesgo a que su defensa nos exponga”.

Si el sistema de Proudhon puede ser calificado de un humanismo, es necesario, no obstante, añadir que se trata de un humanismo ateo. Situándose en la línea del positivismo sociológico, considera a la religión sólo bajo el prisma de su función social, reduciéndola a un componente más del dinamismo sociológico. De ahí que su humanismo encierra en realidad al hombre en un horizonte meramente terreno, con todas las deformaciones que, también en el campo sociológico, de ahí derivan. Tiene palabras de aprecio para la labor histórica del cristianismo, pero postula su superación para dar paso a una ética nueva; desarrolló de echo una fuerte polémica anticristiana.

Su obra El principio federativo, escrita durante la década de 1860, constituye un invaluable tesoro de información para todos aquellos interesados en indagar sobre otras alternativas viables de organización social que pongan freno a la barbarie autoritaria del capitalismo salvaje.

Condenas:

En marzo de 1849 es condenado por vez primera a tres años de cárcel. La Asamblea desatendió la inmunidad parlamentaria de la que debía gozar como diputado.

Recurre pero la sentencia es inapelable, huye hasta frontera belga, haciéndose pasar por Dupuis, magistrado retirado. Pero vuelve a París a escondidas para liquidar el Banco del Pueblo a fin de evitar que cayese en manos antirrevolucionarias. En Julio de 1848 en la plaza Lafayette es detenido e ingresado en la cárcel.

En la obra “Manuel du speculateur a la Bourse” analiza las fases del capitalismo:

- Descontrol industrial.

- Feudalismo industrial.

- Imperialismo industrial. Con sus tres fases:

- Apogeo de la crisis.

- Punto cumbre.

- Cesarismo económico.


Pasajes:

- « Du principe federatif et de la necessité de reconstituer le parti de la révolution. »
- « Quien dice libertad, dice federación o no dice nada ; quien dice socialismo dice federación o no dice nada; quien dice república dice federación o no dice nada. Puede reducirse a esto: Federación política o descentralización.

- En el año de su muerte: 1864 dicta desde su lecho la obra: “De la capacité politique des classe ouvrieres”.

Muere el día 19 de Diciembre en Passy a los 55 años de edad.

William Godwin.


WILLIAM GODWIN (1756 – 1836)

Pensador socialista libertario inglés, filósofo y teórico político nacido en 1756 y muerto en 1836. Habiendo sido ministro religioso en su juventud, sus estudios y meditaciones científicas lo llenaron de dudas abandonando su ministerio en 1783 por la carrera literaria y dedicar su vida a desarrollar ideas de justicia e igualdad social. Su obra “Encuesta sobre justicia política” de 1793, establece científicamente hipótesis de que el ser humano es finalmente guiado por la razón y por lo tanto, solo siendo un ser racional, puede vivir en armonía, sin leyes ni instituciones coercitivas, como la Iglesia y el Estado, entre otras. Sus puntos de vista están desarrollados magistralmente en sus novelas “Las aventuras de Caleb Williams”, de 1794, “san León”, de 1799 y “Fleetwood” que podría traducirse como “Flota de Madera” de 1805. En 1797 se casa con Mary Wollstonecraft, quien trágicamente muere a dar a luz a su hija, Mary; dejándolo como padre soltero, circunstancia que lo humaniza e influye en su sensibilidad social por la igualdad y la justicia para todos los seres humanos, es especial para las masas depauperadas por la salvaje y brutal explotación del capitalismo naciente de la revolución industrial, que lanzaba a la muerte por hambre y sobre-explotación por trabajo a millones de niños.

De estas realidades estudiadas también por Karl Marx de donde él toma la frase de que el capitalismo vino al mundo chorreando sangre… sangre de niños decia Godwin.

Empero sus ideas libertarias lo llevan a enemistarse con las clases dominantes y la iglesia oficial que lo “anatemiza” con especial virulencia. A partir de 1805 funda una rudimentaria imprenta en la que, además de tratar de ganarse la vida, edita varias revistas libertarias. Sus últimos años fueron de una creciente lucha contra la marginación, la miseria y las deudas, muriendo prácticamente de hambre por desnutrición y por falta de atención médica y medicamentos. Simbólico precio que las “elites” en el poder hacen pagar a los libertarios que se atreven a retarlas.
Sin embargo, la obra de Godwin tuvo una muy importante influencia en la juventud inglesa, con su humanismo libertario socialista, influencia que es notable en Séller, quien se casa con su hija Mary en 1814, lo que lleva a Godwin a grandes conflictos con su yerno, que se consideraba como su discípulo, pero que desarrollaba críticamente sus propios puntos de vista sobre el humanismo libertario socialista. Debates que enriquecieron a la atmósfera libertaria de la época y que acabaron por conciliarse y unificarse en muchos aspectos.

Godwin declaró que “Si la opresión [de cualquier clase] hubiera sido la escuela de la sabiduría, la mejor de la humanidad hubiera sido inestimable, ya que ellos han estado en aquella escuela durante muchos miles de años. La humanidad todavía va a la escuela del odio y de la guerra. La contaminación y la falta de respeto hacia todas las criaturas violan la vida misma aún en sus formas más simples. La armonía todavía elude a la más impaciente de las especies. Las pasiones permanecen ingobernables”. Una lectura de Justicia Política probablemente nos beneficiará, ya que estamos en la necesidad de una visión del mundo que no “admitía en nuestros pechos ni en el desprecio, la animosidad, el resentimiento, ni la venganza. La causa de la justicia es la causa de la humanidad. Deberíamos amar esta causa, ya que ellos conduce a la felicidad general de la humanidad”.

Muchos radicales fueron silenciados, pero Godwin publicó andanadas declarando que “es mejor no vivir en absoluto, que vivir en el miedo perpetuo”.

En medio de la represión creciente, Godwin emitió su Enquiry Concerning Political Justice and Its Influence on Morals and Apiñes de dos volúmenes. Publicado en Febrero de 1793 después de dieciséis meses de escritura, puede considerarse el punto de partida del pensamiento anarquista moderno.

Nota de interés:

Mary Shelley (1791-1851)

Novelista inglesa, hija del filosofo británico William Godwin y de la escritora y feminista Mary Wollstonecraft, Nacio en Londres y recibió una educación privada. Conoció al joven poeta Percy Bisshe Séller en mayo de 1814 y dos meses más tarde abandonó Inglaterra con él. Cuando la primera esposa de Séller murió, en diciembre de 1816, la pareja contrajo matrimonio. En 1818 Mary publicó la primera y más importante de sus obras, la novela Frankestein o el moderno Prometeo. Esta obra, un logro más notable para una autora de solo 20 años, se convirtió de inmediato en un éxito de crítica y público. La historia de Frankestein, estudiante de lo oculto y de su criatura subhumana creada a partir de cadáveres humanos, ha sido llevada al teatro y al cine en varias ocasiones. Ninguna de sus obras posteriores alcanzó la popularidad o la excelencia de esta primera, pese a que escribió otras cuatro novelas, varios libros de viajes, relatos y poemas. Su novela El último hombre (1826), considerada lo mejor de su producción, narra la futura destrucción de la raza humana por una terrible plaga. Lodote (1835) es una autobiografía novelada. Tras la muerte de su esposo, en 1822, Mary se dedicó a difundir la obra del poeta. Publicó así sus Poemas póstumos (1824) y editó sus Obras poéticas (1839) con valiosa y detalladas notas.

Amor y Anarquia.


La palabra anarquía proviene del griego y significa sin gobierno; es decir la vida de un pueblo que se rige sin autoridad constituida, sin gobierno.
Antes que toda una verdadera categoría de pensadores haya llegado a considerar tal organización como posible y como deseable, antes de que fuese adoptada como objetivo por un movimiento que en la actualidad constituye uno de los más importantes factores en las modernas luchas sociales, la palabra anarquía era considerada, por lo general, como sinónima de desorden, de confusión, y aún hoy mismo se toma en este sentido por las masas ignorantes y por los adversarios interesados en ocultar o desfigurar la verdad.
No hemos de detenemos a profundizar en estas digresiones filológicas, por cuanto entendemos que la cuestión, más bien que de filología, reviste un marcado carácter histórico. El sentido vulgar de la palabra no desconoce su significado verdadero, desde el punto de vista etimológico, sino que es un derivado o consecuencia del prejuicio consistente en considerar al gobierno como un órgano indispensable para la vida social, y que, por tanto, una sociedad sin gobierno debe ser presa y víctima del desorden, oscilante entre la omnipotencia de unos y la ciega venganza de otros.
La existencia y persistencia de este prejuicio, así como la influencia ejercida por el mismo en la significación dada por el común sentir a la palabra anarquía, explícanse fácilmente.
De igual modo que todos los animales, el hombre se adapta, se habitúa a la condiciones del medio en que vive, y por herencia transmite los hábitos y costumbres adquiridos. Nacido y criado en la esclavitud, heredero de una larga progenie de esclavos, el hombre, cuando ha comenzado a pensar, ha creído que la servidumbre era condición esencial de vida: la libertad le ha parecido un imposible. Así es como el trabajador, constreñido durante siglos a esperar y obtener el trabajo s decir, el pan- de la voluntad, y a veces del humor de un amo, y acostumbrado a ver continuamente su vida a merced de quien posee tierra y capital, ha concluido por creer que era el dueño, el señor o patrono quien le daba de comer. Ingenuo y sencillo, ha llegado a hacerse la pregunta siguiente: "¿Como me arreglaría yo para poder comer si los señores no existieran?".
Tal sería la situación de un hombre que hubiese tenido las extremidades inferiores trabadas desde el día de su nacimiento, si bien de manera que le consintiesen moverse y andar dificultosamente; en estas condiciones podría llegar a atribuir la facultad de trasladarse de un punto a otro a sus mismas ligaduras, siendo así que estas no habrían de producir otro resultado que el de disminuir y paralizar la energía muscular de sus piernas.
Y si a los efectos naturales de la costumbre se agrega la educación recibida del mismo patrón, del sacerdote, del maestro, etc. -interesados todos en predicar que el gobierno y los amos son necesarios, y hasta indispensables-; si se añaden el juez y el agente de policía, esforzándose en reducir al silencio a todo aquél que de otro modo discurra y trate de difundir y propagar su pensamiento, se comprenderá cómo el cerebro poco cultivado de la masa ha logrado arraigar el prejuicio de la utilidad y de la necesidad del amo y del gobierno.
Figuraos, pues, que el hombre de las piernas trabadas, de quien antes hemos hablado, le expone el médico toda una teoría y le presenta miles de ejemplos hábilmente inventados, a fin de persuadirle de que, si tuviera las piernas libres, le sería imposible caminar y vivir; en este supuesto, el individuo en cuestión se esforzaría en conservar sus grillos o ligaduras, y no vacilaría en considerar como enemigos a quienes desearen desembarazarse de ellos.
Ahora bien, puesto que se ha creído que el gobierno es necesario, puesto que se ha admitido que sin gobierno no puede haber otra cosa sino confusión y desorden, es natural y hasta lógico que el término anarquía, que significa la ausencia o carencia de gobierno, venga a significar igualmente la ausencia de orden.
Y cuenta que el hecho no carece de precedentes en la historia de las palabras. En las épocas y países donde el pueblo ha creído necesario el gobierno de uno solo (monarquía), la palabra república, que significa el gobierno de la mayoría, se ha tomado siempre como sinónima de confusión y de desorden, según puede comprobarse en el lenguaje popular de casi todos los países.
Cambiad la opinión, persuadid al público de que no sólo el gobierno dista de ser necesario, sino que es en extremo peligroso y perjudicial... y entonces la palabra anarquía, justamente por eso, porque significa ausencia de gobierno, significará para todos orden natural, armonía de necesidades e intereses de todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo completa.
*extraido de "Amor y Anarquia" Errico Malatesta (1853-1932).